La tortuga y el colibrí
(Fábula)


Había una vez...

Una tortuga igual a miles de tortugas, ni más grande ni más pequeña que las de su especie pero ...con una rara predisposición a la aventura.

Había recorrido el húmedo espacio que era su “hogar” de lado a lado, pensando que el tan mentado mundo era bastante aburrido si sólo se componía de algunas piedras y paredes de vidrio. Entonces decidió investigar por su cuenta qué había más allá. Escalar la pared de vidrio y lanzarse al precipicio fue una odisea, pero, como en una ocasión escuchó a su dueña decirle a alguien (cuando se pone filosófica), “nada se consigue sin esfuerzo”, cerró los ojos y aterrizó sobre unos libros que estaban sobre la mesa de trabajo.
Era el primer contacto con algo seco y que además por instinto estaba segura no era comida.
A ver... – pensó - cómo bajo de aquí?. Primer intento: fallido. Al segundo... perdió pata (porque pies tienen los humanos) y logró estabilizar su cuerpito decente y elegantemente en la superficie de la mesa, y fue ahí donde se dio cuenta que ... nada se consigue sin esfuerzo.
Después de comprobar que el “mundo” es cuadrado y sin nada interesante para ver o para oír, salvo la voz de su dueña preguntando: ¿Qué haces, Buro?, decide que es hora de volver a su reino. Y...tiene un sueño. Se ve en el verde de un jardín, trajinando lentamente entre plantas y arbustos de colores llamativos, entre los caracoles que, como ella se desplazan con su caparazón a cuestas, olfatea perfumes y el aroma de tierra mojada, todo es nuevo, todo es limpio...
Se detiene un momento a descansar junto a un seto cubierto de flores de color naranja y de pronto de la nada, un rumor de alas llama su atención, se marea un poco con el vertiginoso aletear, pero como no conoce la timidez, pregunta:

Y tu, qué eres?
Un colibrí – responde la figura verde que recorre una a una las flores – y tu?
Una tortuga, podrías quedarte quieto un segundo?
No – responde el colibrí – tenías que ser mujer para empezar a dar órdenes.
En vista que el encuentro iba por mal camino, Buro opta por la diplomacia.
Y.. dónde vas con esa rapidez?, yo soy lenta, pero si quiero puedo llegar muy lejos.

Quieres ir lejos? Te llevaría media vida llegar a los lugares que voy yo – se pavonea el colibrí.

Tal vez – responde Buro – pero para qué quieres la vida si no es para gastarla en lo que sueñas?

Quieres acompañarme? – tímidamente propone el colibrí – te daré tiempo, esperaré a que llegues y así el camino será más fácil para los dos.
Buro piensa: vaya, qué pareja extraña!, pero también sabe que es su única oportunidad... y emprende el largo viaje.... hacia lo desconocido, el tan mentado Mundo.